Exposición Del Lic. Héctor Giuliano En El Programa "Contracara" el 11.4.2017

11 abril 2017 remove_red_eye2519

El propósito de esta exposición, que va a ser muy breve, es dar un cuadro de situación económico financiero de lo que hoy está pasando en la Argentina. Creo que se está menospreciando la gravedad de la crisis que se enfrenta en este momento,  que tiene distintas manifestaciones pero  una raíz identificable, que es el problema de la deuda pública. A eso ya me referí en otras oportunidades pero ahora el objetivo es concentrarme en lo que está pasando ahora y, fundamentalmente,  analizar los aspectos financieros y sus consecuencias políticas, en tres campos:

  • Lo que está ocurriendo en materia de endeudamiento del Tesoro
  • Lo que está ocurriendo en el Banco Central, que es tanto o más grave de lo que ocurre en la Tesorería, y
  • Cuál es la relación entre la ausencia de una política económica y el condicionante cada vez más agudo de una política financiera.

No se tienen datos recientes, no se están dando, del actual endeudamiento argentino. La última información oficial es al 30 de septiembre del año pasado.  Son seis largos meses sin información sobre un dato que es tan elemental, que yo creo que se monitorea tres o cuatro veces al día, pero no se informa a la opinión pública.

¿Cuánto aumentó la deuda pública del Tesoro del Estado central durante el año pasado? Yo, de estimaciones presupuestarias, por un lado, y luego, de las inferencias de leyes modificatorias, estimo que el año pasado tiene que haber aumentado entre 40 a 45.000 millones de dólares más. Quiere decir que,  si se parte de un stock de deuda de 254.000 millones, ajustado al momento de asumir la administración Macri,  nos lleva a que el stock de deuda ahora tendría que pasar los 300.000 millones de dólares.  Insisto en que este dato no se informa, no se notifica  a nadie y, por ende,  hay que esperar la información que el gobierno dilata.  Esta cifra no era arbitraria, 25.000 millones estaban previstos por la ley de Presupuesto. Se agregaron 12.500 para pagarle a los “holdouts”, de los cuales  parece que solamente se les pagó la mitad, así que ahora vamos a ver qué pasa con la otra mitad.  La deuda reconocida por el gobierno era de 19.000 millones. O sea, casi 20.000 millones de dólares

Dentro de la suma del endeudamiento está el déficit fiscal, que se cubre con deuda. Como no se sabe cuánto del déficit fiscal se cubrió con deuda, se estima que la suma podría llegar a 10 ó 12.000 millones.   Tirar cifras en este momento sería  conjeturar, pero lo concreto es que el gobierno demora la información y que el cuadro de déficit fiscal se está agravando. Estas son realidades.

Hay tres elementos concurrentes en la gravedad de esta deuda:

Primero. Cualquiera sea su monto, el stock, el saldo de deuda, sigue aumentando en gran escala. Esto lo demuestra el propio gobierno. Solamente en el mes de enero se colocaron 18.000 millones de dólares de deuda. No se sabe cuánto de esa cifra es deuda refinanciada --porque toda la deuda de capital, por definición, se refinancia hasta el último centavo-- y cuánto es deuda nueva. Ese stock que estábamos conjeturando que debiera pasar los 40 o 45.000 millones de dólares.  Tirar cifras sin información oficial es conjeturar. Yo analizo hechos, no conjeturas. Pero que esta preocupación existe lo está delatando el mismo gobierno y muchos economistas del “establishment” que ya están parando la oreja y llamando la atención acerca del endeudamiento. Que el Presidente Macri aparezca en un muy conocido programa de televisión y se ataje diciendo “No nos podemos endeudar más” “No queremos endeudarnos más”, es una señal de alerta de que se estaría llegando a la saturación del cupo de deuda permisible.

Los parámetros se desconocen, lo único que sé es que la deuda es una caja secreta, donde no se sabe quiénes son los acreedores, con quiénes se está realmente negociando.  Es sabido que en enero se colocaron, de un plumazo, 6.000 millones de dólares con los grandes bancos piloteados por la Banca Morgan y el Deutsche Bank, con abierto conflicto de intereses con los funcionarios que dirigían finanzas y economía, Prat Gay y Luis Caputo, que fueron empleados de la Banca Morgan y del Deutsche Bank, respectivamente.  O sea que esto surge, sin entrar aquí en teorías conspirativas,  simplemente, de información conocida.

Esto significa, primero, que la deuda está aumentando vertiginosamente en cuanto a stock.  Esa deuda no se puede pagar no hay la más mínima ni la más miserable demostración de quién y cómo se la iría a pagar.

En segundo término, los intereses de esa deuda (que es lo concreto que se eroga, porque el capital se refinancia) proporcionalmente están creciendo más que el aumento de la deuda. Además, dado  que gran parte de la deuda es ya externa y aparte en moneda extranjera (sea deuda interna o externa) quiere decir que los intereses aumentan y se potencian en esa proporción. Por eso siempre digo que el verdadero indicador que usan los acreedores es otro. Si yo, Estado argentino, estoy tomando deuda que sé que no puedo pagar y los acreedores del Estado, que no son nenes de pecho sino agentes especializados en estos negocios financieros bursátiles me prestan sabiendo que yo no puedo pagar, entonces, ¿dónde está la explicación? ¿En dónde está la clave?  Porque nadie come vidrio en este aspecto: la clave está en el quantum de los intereses. Lo que realmente se evalúa es cuál es el tope de intereses que el país puede llegar a pagar. Y ese tope, entiendo yo,  está dado por el anatocismo.

El anatocismo es la capitalización de intereses. Cuando el deudor no puede pagar su deuda empieza a refinanciarla, como hace la Argentina, que desde hace 40 años está refinanciando, y la deuda aumenta cada vez  más; pero, además, cada vez se pagan más intereses. Entonces,  cuando llega el momento en donde el quantum de los intereses empieza a teclear y no se puede pagar, ahí viene la capitalización. El anatocismo por interés compuesto, es el interés devengado y no pagado que se suma al capital y devenga nuevos intereses. Es el sinónimo de la usura, es el deudor que está en la lona porque no puede cumplir con sus obligaciones,  no puede siquiera abastecer intereses.  Por eso creo que estamos entrando en una zona roja de situación de la deuda porque, además, hay un tercer factor, aparte del aumento del capital y de los intereses, que es el perfil de vencimientos.

El gobierno está colocando deuda por miles de millones de dólares y a plazos cada vez más cortos. Se están colocando Letes; el programa de Letras de Tesorería se está colocando a 90, a 180 días. Es preocupante. Quiere decir que no terminan de refinanciar una deuda que ya les está cayendo otra.  Se estima que hay vencimientos entre abril y junio de este año por más de 7.000 millones de dólares. O sea que hay que rearmar el negocio de la refinanciación, por más que lo hagan con los bancos del club de la deuda, del club de los prestamistas permanentes de la deuda.

Hasta aquí lo que veo como situación es más que preocupante y ya se está empezando a hablar de ella, ya se está empezando a reconocer pero no se le da la gravedad y la criticidad que corresponde. Por ende, dentro de mi humilde aporte, por lo que significa ser un estudioso de este tema,    trato de corresponder a esto informando a la gente de lo que es producto de mis estudios, que tampoco son estudios híper informados porque dependo de datos que el gobierno no suministra porque no quiere, no porque no tenga la información y no hay habeas data en materia de endeudamiento. Este el primer punto.

El segundo punto es el Banco Central, que voy a tratar de abreviar por su complejidad y también por razones de tiempo.

La complejidad del Banco Central  viene de antes, de algo que están cantando los números del mismo informe semanal  que suministra el Banco Central.  El Banco Central tiene en este momento un stock de reservas brutas del orden de los  51.000 millones y pico de dólares. Pero la mayoría de estas reservas no son propias del Banco,  son prestadas.  Unos 35.000 millones son directamente producto de encajes bancarios en dólares (así como existen encajes en pesos los hay dólares) y de otros pasivos,  entre los cuales todavía está el “swap” impago de China, del Banco Popular de China,  que se arrastra de la administración Kirchner y “bicicleteado” desde esa época. Pero esos 16.000 millones, que serían las reservas propias del Banco Central, tampoco lo son porque el gobierno tiene emitidas Lebac, letras en pesos y ahora también algo en dólares, pero fundamentalmente en pesos, que equivalen a 51.400 millones de dólares. O sea, casi tres veces más. Y esta es deuda que si el gobierno, el Banco Central,  no la aguanta por estar pagando tasas de interés del 23, 24% (llegó a pagar hasta el 38%), si no aguanta, pagando continuamente, esta masa de dinero, que equivale a la base monetaria, casi  unos 800.000 millones de pesos, esa plata,  si el Banco Central no se la remunera a esa tasa de interés a los bancos prestamistas, se va al dólar y se descompagina el tipo de cambio. Por eso ésta es una actitud extorsiva. 

Los bancos pasan cada semana --ahora es con frecuencia mensual-- y tienen la opción extorsiva de decir: “Señores del Banco Central: paso por la ventanilla a renovar el plazo fijo” --que sería esta Lebac a corto plazo (la mayoría a 30 o  a 60 días)—“o paso por la caja a cobrar”.  Entonces, el Banco Central responde aterrorizado: “No pase por la Caja; no”. Esto porque si le tiene que dar esa masa infernal de dinero equivalente a casi 300.000 millones de pesos que se han renovado, creo que la otra semana --no tengo la cifra acá pero son cifras que trastornan la mente al pensar la cantidad de dinero que se está moviendo--,  si el Banco Central les entregase ese dinero, se produciría un impacto tal en el mercado que se dispararían los precios  y por ende iría en contra de su política de aumento de tasas de interés para frenar el aumento de los precios y frenar la inflación.  Esa es una encerrona tremenda, porque acá, sin extenderme demasiado, es donde viene el tercer punto

¿Qué estamos viendo frente a la administración Macri? ¿Una política económica o una política financiera?

Desde que asumió el Macri, hace un año y unos meses, el gobierno no  ha formulado una política económica concreta.  Es al día de hoy que el gobierno vive de anuncios. Anuncio de inversiones, etcétera. La política no se proclama.  Es como cuando el Presidente Macri, al dirigirse al Congreso en el discurso de apertura de las sesiones el primero de marzo, dijo enfáticamente: vamos a bajar la inflación  al 5% en el año 2019.  Acaba de cerrar su primer año de gestión, 2016, con una inflación del 41% y quiere entusiasmar a su auditorio, a la población, diciendo que en el 2019 la inflación va a ser del 5%.  Eso es una cosa infantil, una especie de burla a la opinión pública. El gobierno tiene que responder con medidas que se sientan, acá y ahora. No que la va a solucionar en forma inmediata pero que sus efectos se vean.

Todas las variables clave que ha heredado el gobierno, las falseadas y las agravadas por la administración Kirchner, en realidad las ha empeorado.  Recibió una inflación elevada y oculta, pero la blanqueó y aumentó; recibió una pobreza oculta pero la blanqueó y la aumentó, recibió desempleo y lo aumentó… ¡Caramba! Entonces estamos frente a un problema realmente grave y  con la deuda, ¡ni hablemos!  Esto es importante porque hay un desajuste  que se produce porque el gobierno no tiene política económica y, peor todavía, o no la tiene o directamente la oculta, porque hay un factor clave en todo esto: la política financiera.

Fíjense en un detalle que para mí pasa inadvertido.

Apenas asume el gobierno,  Macri descentraliza, divide, casi desguaza, al Ministerio de Economía porque lo divide en siete ministerios distintos, entre ellos el que ya quedó como Ministerio de Deuda. Con el eufemismo de Ministerio de Finanzas tenemos un ministerio propio de la deuda.  Eso significa que en un momento de crisis económica, financiera y política, que vive la Argentina,  en lugar de centralizar decisiones, se está descentralizando. Entonces, ¿qué ocurre? La política tarifaria va por un lado, la política impositiva, recaudadora, por otro.  Habrá un núcleo de compatibilización, de supervisión, que se supone lo hace la gente de la jefatura de gabinete, la terna Marcos Peña, Quintana y Lopetegui. Pareciera ser el eufemismo del Presidente que dice que “son sus ojos y oídos”.

No sé si son los ojos y oídos del Presidente o son los ojos y oídos de alguna estructura de poder transnacional,  que es la que realmente le baja la línea y, entonces, los Ministros desfilan  rindiendo cuentas a esa terna de la jefatura de gabinete que es la que supervisa el cumplimiento de este plan transnacional en la Argentina.  Me atrevería a decir esto porque cuando un país se endeuda irresponsablemente, como lo está haciendo la Argentina, cuando un país persiste en su política de endeudamiento y aumento de las tasas de interés, que están generando el más formidable negocio de especulación financiera del mundo, creo,   donde se puede venir con el capital externo, aprovechando el retraso cambiario que subsidia el gobierno (el gobierno subsidia artificialmente el retraso cambiario con altas tasas de interés) se le está dando a los capitales golondrina, a los capitales especulativos, uno de los negocios más fuertes que tienen en el mundo. Esto ya pasó otras veces en la historia; pero esto  está  pasando con un descaro tremendo porque esta experiencia ya la vivimos,  recordemos la frase “esta película ya la vimos y varias veces”. Esto es lo preocupante.

El Ministerio de Economía se divide y se torna inoperante y no expone una política económica consistente. El reemplazo de Prat Gay por Dujovne no aclara este punto porque Dujovne proclama la necesidad de un ajuste fiscal y todos están diciendo “Señor: ¿quiere hacer un ajuste fiscal en un año electoral?”. Ya en el ámbito del gobierno, en el ámbito de la Coalición Cambiemos,  hacia fines del año pasado se decía que “Lo que no pudimos hacer de ajuste antes del 2016 no lo vamos a poder hacer en el 2017 porque es un año electoral”.

Ahora vienen aspectos de negociación delicados.  Un ejemplo de la debilidad de negociación del gobierno lo veo en el hecho de que, a través del Ministerio de Acción Social, Carolina Stanley negocia con las organizaciones piqueteras una ley de emergencia social que dispone de 30.000 millones de pesos. No discuto la justicia o no de los ajustes, de las prórrogas, porque estas cosas vienen de la administración Kirchner,  pero sí con quien negocia el gobierno. ¿Quién es el interlocutor político y económico del gobierno en un momento en que tanto los sindicalistas como los empresarios le están teniendo paciencia y en el que los perjuicios son evidentes? Hay caída del salario real, que es la clave de la caída del consumo; por ende, hay recesión, hay inflación. Estamos ante un esquema de estanflación que no se le  escapa a nadie.

En cambio, mientras esta subdivisión se ha producido y se sigue manteniendo en el ámbito del Ministerio de Economía,  no ocurre así en el  Banco Central.  El Banco Central está más centralizado que nunca, dirige tres políticas concurrentes de la política financiera y que no son menores: la monetaria, la cambiaria y la bancaria. ¿Y qué ha hecho el banco Central y qué sigue haciendo? Primero, intentar frenar la inflación que provoca el gobierno con su sobre emisión para comprar dólares y poder responder al endeudamiento público subiendo la tasa de interés, con lo cual frena la economía.

En segundo lugar, una política cambiaria que mantiene el retraso cambiario  porque es la garantía de poder pagar deuda externa, porque si hubiese una devaluación abrupta o de gran magnitud, el país entraría automáticamente en cesación de pagos, porque lo que recauda en pesos no le da para comprar suficientes dólares como para  poder cancelar, al menos, los servicios de intereses de la deuda.

Y en tercer término, la política bancaria o financiera, bursátil-bancaria, que es la que está teniendo todos los privilegios y es la que se sigue dando continuamente. Es decir, el sector que tiene la más alta rentabilidad de la economía, donde el gobierno baja el período de entrada y salida de los capitales para que éste sea el paraíso financiero.  Antes el capital tenía que esperar un año, bajaron el plazo a 120 días y ahora a cero días.  Una masa de dinero especulativo puede entrar hoy, colocarse, hacer un negocio financiero, e irse mañana del país. Con lo cual la fuga de divisas se está acentuando.

Con retraso cambiario, la rentabilidad frente a las tasas de interés internacionales y locales --es decir, el arbitraje financiero entre tasa de interés al tipo de cambio-- es la más alta del mundo. Por ende,  cierro acá porque esto era un apretado cuadro de situación que me pidieron para el Programa Contracara del Canal TLV 1 y que remato con una reflexión muy simple: no es casual que en un país como la Argentina, que tiene un tercio de la población bajo el nivel de pobreza, el sector financiero bancario sea el que siga teniendo, como en los tiempos del Kirchnerismo, la más alta tasa de rentabilidad de la economía argentina.

Nada más.

Héctor Giuliano