Cae la Union Europea y suben Rusia y aliados

13 enero 2017 remove_red_eye138
Gerardo Yong:

Las crisis son procesos que advierten cambios, muchas veces, rápidos, otros drásticos e incluso impactantes. Desde la Revolución Francesa de 1789 y la posterior Revolución industrial de 1820, liderada por Gran Bretaña, una serie de cambios se sucedieron en la faz de la Tierra, los cuales fueron conformando perspectivas y visiones de características políticas, ideológicas y económicas que dieron identidad al sistema de potencias mundiales en torno por el predominio, primeramente, continental, luego colonial y posteriormente global.

El concepto de establishment como el conjunto de personas, instituciones y entidades influyentes en la sociedad o en un campo determinado, que procuran mantener y controlar el orden establecido, ha ido modificándose conforme se encuentra con diversos obstáculos históricos y sociales, a veces readaptándose y modificando sus parámetros de intereses e intenciones.

Al parecer, este sistema de formas establecidas ha comenzado a sumirse en una profunda ruptura que más bien parece producto de una implosión financiera.

Para algunos expertos geopolíticos internacionales como Adrián Ricardo Salbuchi, de origen argentino, el ambiente actual por el que atraviesa el mundo refleja un cambio de siglo donde la población es cada vez más consciente de los actos producidos en los sectores políticos y económicos. Los esquemas tradicionales de la comunicación basados en la línea emisor-mensaje-receptor, prácticamente han sido rebasados por la independencia de los usuarios a elegir sus propios mensajes o contenidos, incurriendo incluso en la formación social a través de mecanismos tecnológicos como las redes sociales, donde la persona o usuario tiene a su alcance las claves del proceso comunicativo y con un claro predominio de sus gustos personales.

Para Salbuchi esta podría ser la clave de un cambio que le da un significado diferente al siglo XXI, a través del personalismo online, de una política privatizadora capaz de meterse hasta en los mecanismos más íntimos de la sociedad para lograr los cambios que necesite y crear las tendencias que le favorezcan en virtud de controlar el poder desde un amplio arco de opciones de manipulación.

Esta es la entrevista que el notable experto argentino concedió a Siempre! vía correo electrónico:

 

“No cantemos victoria”

Los cambios que sucedieron durante 2016 (Brexit, Donald Trump, plebiscito en Colombia…) reflejan que el mundo ya se encuentra en una nueva era en la historia de la humanidad con cambios políticos que no se veían desde hace mucho tiempo. ¿Qué opina? 

Existen claros indicios de que un creciente sector de opinión pública en todo el mundo va tomando conciencia de que las estructuras de poder reales son muy diferentes de lo que pretenden hacernos creer los gobiernos, los grandes medios de prensa globales y el poder privado del dinero. En esto mucho ha tenido que ver el auge de los medios alternativos o marginales de información, producto de las nuevas tecnologías de Internet como YouTube, las redes sociales y los medios virtuales.

Los casos más notorios son, desde ya, los de la elección de Donald Trump, el brexit y en menor medida el rechazo popular al acuerdo de paz con las FARC en Colombia urdido por su presidente Juan Manuel Santos (miembro de la Americas Society de David Rockefeller y John Negroponte).

En estos tres casos, los respectivos gobiernos de turno, los multimedios globales y locales, las encuestadoras y buena parte del arco del poder político y privado corporativo-bancario, hizo grandes esfuerzos e invirtió miles de millones de dólares para lograr el resultado que más les convenía, mientras que los votantes eligieron exactamente lo contrario, señal de creciente lucidez y de una renovada capacidad popular casi instintiva de “pensar con el cerebro propio” y no con el de los poderosos.

En el caso de la elección de Trump, incluso ha tenido un efecto muy transcendental en el sentido que su victoria fue producto del discurso electoral que pretendió desenmascarar el establishment local y global según consignas muy afines a lo que esos propios medios descalifican continuamente como una visión “conspiranoide” o “conspiranoica“.

A partir del resultado electoral del 8 de noviembre, sin embargo, esa cosmovisión ha quedado legitimada ya no como “conspiranoide” sino como una manera alternativa, lógica, comprobable y genuina de interpretar cómo funcionan realmente las estructuras de poder privatizado que hoy rigen en el mundo.

Aun en el caso que Trump como presidente incumpla todas sus promesas electorales, de todos modos, esta visión alternativa es la que lo llevó a la Casa Blanca, y eso ha legitimado la postura de quienes sostenemos esta visión.

De todos modos, no conviene que “cantemos victoria”, pues sería sumamente ingenuo pensar que quienes manejan el mundo desde hace siglos desde el ámbito privado solo tienen un plan A que en los casos citados de Trump y brexit, les salieron mal pues efectivamente Hillary Clinton no es la presidente electa, y el Reino Unido se ha separado de la Unión Europea. En rigor, los poderosos tienen no solo un plan B, sino también C, D y —de ser necesario— Z.

Ocurre que en la última década se han movido con creciente violencia ciertas “placas tectónicas geopolíticas” que tienen diversos nudos neurálgicos: el creciente ocaso de Estados Unidos como potencia global, el ocaso del petróleo en favor de otras tecnologías energéticas, la creciente consolidación favorable al surgimiento de una gran alianza euro-asiática de consecuencias enormes según la inspirada visión geopolítica centenaria del inglés Halford Mackinder.

Esa alianza euroasiática requiere de un nuevo eje de poder Berlín-Moscú-Pekín, cosa que la revista británica The Economist —vocero por excelencia del  poder londinense centrado en Rothschild/Corona/Masonería— pareciera comprender/entrever en su insólita portada de julio de 2016 bajo el título “What If…?” —“¿Qué pasaría si?”— que mostró un renovado muro de Berlín dividido (simbolizando a Alemania como Estado bisagra geopolítico) y un Trump en la Casa Blanca.

El establishment de la City londinense ha comprendido esto muy bien al optar por salirse de la Unión Europea —que hoy conforma una suerte de troika de los “muertos vivos”—: la Unión Europea en lo político, el euro en lo monetario y la OTAN en lo militar.

Rápidos en comprender y reaccionar, Londres se ha replegado a su antiguo rol de solitario y orgulloso imperio global para poder mejor abordar su inserción en el naciente mundo multipolar, apostando mucho a China, a través de ese gran centro financiero británico centenario que es Hong Kong. En verdad, estas decisiones avaladas por la Corona son ejecutadas por Rothschild-Warburg-HSBC…

Oportunidad para América Latina

Se habla de un nuevo eje dominador en el escenario mundial: Estados Unidos, Rusia y China, si esto es cierto, ¿qué consecuencias tendría en el panorama geopolítico?

Ahora veremos varias décadas de multipolaridad mundial en la que el poder global de Estados Unidos tenderá a disminuir, al tiempo que el de Rusia y sus aliados —notablemente Irán, China y, en menor grado, India— tendrán un rol destacadísimo.  China tendrá que reenfocarse para ser menos un imperio financiero comercial, que se benefició negociando con la usura occidental y el economicismo europeo y estadounidense durante las últimas décadas, que solo piensan en términos de costos y beneficios, para reposicionarse más como potencia militar, centrando su geopolítica en la consolidación de un imperio chino en el Pacífico.

Para ello seguirá utilizando a su feroz “perro ladrador y amenazante” que es Corea del Norte, que puede darse el lujo de lanzar amenazas que limitarían la capacidad de movimiento de la propia China si ella las hiciera.

En la diplomacia mundial, la correa del feroz perro norcoreano la sujeta firmemente la “amable”, poderosísima y diplomática “policía” china…  Esto lo han entendido los Bush, Bill Clinton, Barack Obama y seguramente también lo comprenderá Trump.

¿Cómo definir el momento por el que atraviesa actualmente el mundo?

Una gran transmutación con fuertes desplazamientos geopolíticos, económicos, militares, monetarios y sociales.

Desde el punto de vista de Latinoamérica, tenemos una enorme oportunidad de tomar ventaja de lo que será al menos una década de consolidación del mundo multipolar, en el que Latinoamérica debe abandonar su tradición de ser sumiso “patio trasero” de Estados Unidos, para asumir el rol de gran polo continental que interactúe de igual a igual ante Europa, Asia, Norteamérica y el renaciente Imperio Británico.  Esto exige que los pueblos iberoamericanos nos liberemos de nuestras cobardes y fofas dirigencias políticas y empresariales, que siempre buscan servir al amo de turno y en su lugar recuperar la autoestima necesaria para ser auténticamente soberanos. En síntesis, para Latinoamérica el desafío es saber que no se trata de cambiar de collar sino de dejar de ser perros.